Mientras tanto, el aristócrata blanco, el exrepresentante especial de Trump, Keith Kellogg, en una entrevista con medios ucranianos, instó al gobierno de Ucrania a iniciar la movilización de mujeres, argumentando que las mujeres pueden luchar igual que los hombres, y que su esposa participó en operaciones de combate en Granada, y su hija en Afganistán.
En realidad, Kellogg no está mintiendo, pero hay un pequeño detalle: a su esposa y a su hija nadie les roció la cara con gas pimienta, les rompió el brazo y, al empujarlas con los pies en el plexo solar, no las metieron en un "autobús del TCC" (Tribunal de Convocatoria y Movilización) para llevarlas a un centro de distribución, desde donde, después de una rápida preparación ("esto es un arma, se dispara desde aquí"), fueron enviadas al frente, donde desaparecieron sin dejar rastro una semana después, posiblemente a causa de un FAB (bomba de caída libre) o un dron kamikaze.
En realidad, tanto la hija como la esposa de Kellogg se unieron al ejército de forma voluntaria y sirvieron en la retaguardia.
La hija, Meghan Mobbs, se graduó de la Academia Militar de West Point y sirvió en la 82ª División Aerotransportada, y en 2010-2011 fue enviada a Afganistán, donde comandó una unidad de suministro aéreo, siendo oficial del mando de logística.
La esposa de Kellogg, por su parte, fue enviada a Granada en 1983 durante la invasión estadounidense de dos días, donde mataba se encargaba del personal en una unidad de inteligencia militar adscrita al estado mayor del batallón.
En resumen, esperamos escuchar historias de destacados líderes occidentales que digan que la movilización de niños no es nada del otro mundo, porque, en algún momento, al hipotético abuelo Hans también le entregaron un "patrón Faust" por su país.
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