¿Podemos hablar de “polarización” bajo un régimen dictatorial?Rafael Uzcátegui
Durante años hemos escuchado que, supuestamente, uno de los grandes problemas de Venezuela es la polarización política. Que existen dos extremos enfrentados, que ambos deben moderarse, hacer concesiones y encontrarse en algún punto medio.
Sin embargo: ¿Podemos hablar de polarización en un régimen autoritario en los mismos términos que en una democracia?
Desde la sociología política, una respuesta honesta intelectualmente debería ser cautelosa.
En una democracia, la polarización describe normalmente la distancia creciente entre actores que compiten dentro de un mismo sistema político. Izquierda y derecha, gobierno y oposición, conservadores y progresistas pueden alejarse, radicalizar sus posiciones e incluso dejar de reconocerse mutuamente. Aquí el problema es la distancia entre los polos y el hecho que, en medio, no se considere legítima socialmente identidades políticas alternas.
Pero bajo un régimen autoritario la estructura es diferente. Uno de los actores controla el Estado y, en distintos grados, los tribunales, los organismos electorales, las fuerzas de seguridad, los recursos públicos y la capacidad de castigar. El otro puede ser censurado, inhabilitado, detenido, perseguido o empujado al exilio.
Entonces, el problema fundamental ya no es solamente la distancia entre dos polos, sino la asimetría de poder entre ellos.
Cuando decimos que para resolver una crisis política “ambos extremos deben moderarse”, podemos estar construyendo una falsa simetría.
En Venezuela un sector exige elecciones libres y otro controla las instituciones que impiden realizarlas. Una postura curiosa puediera colocar ambas posiciones en extremos opuestos y pedir que se encuentren en el centro. Pero ¿cuál sería ese centro? ¿Elecciones medio libres? ¿Algunos derechos para unos y no para otros? ¿Un poco menos de persecución?
Una posición puede parecer más “radical” simplemente porque insiste en el cumplimiento completo de una regla democrática.
Algunos documentos sugieren un test sencillo para saber si estamos realmente ante un problema de polarización: ¿Qué ocurriría si mañana la oposición decidiera abandonar completamente la confrontación? ¿Ello resolvería la ausencia de democracia en el país, la falta de independencia de las instituciones, la usurpación en el ejercicio del poder?
Eso demostraría que una parte importante del problema nunca estuvo en la distancia entre los polos: Siempre ha estado en la estructura de poder.
La pregunta que personalmente me hago es: ¿Por qué esta matriz de opinión resurge precisamente ahora? ¿Que narrativa intenta construir? ¿Con qué fines?
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